There's no need to...
Llueve, y huelo esos días de verano en los que una inoportuna tormenta salpica el asfalto, cuando permanecemos bajo las gotas, pequeñas bombas aéreas que nos acarician, nos dañan, nos matan. La calle acaba y cruzo el puente; he perdido mi reloj, he perdido el tren. El aire se ensortija en mi cabello y crea laberintos rizados, caprichoso y juguetón, un niño aún. El viento me susurra que trae cambios, enredos, confusiones y llanto, pero no me importa. Sonrío porque es un viento revolucionario, un viento fuerte que trae libertad con todo lo que ella supone, con todo lo que ella da.
Libertad... Saboréala lentamente en el paladar y permite que se extienda, que se propague y que alcance el corazón, que controle sus latidos, que lo confunda, que lo cincele, que lo marchite, que lo haga florecer, que lo rompa y lo haga renacer, que lo hiera de muerte.
Permítele todo y más. Eres libre, el resto, ¿qué más da?

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