Lights will guide you ho-o-ome
Esta semana ha sido dura. Hacía días que lo notaba raro. No respondía a mis palabras, ni tan siquiera a mi voz. No oía, ni veía. Simplemente, no estaba. O estaba, pero ausente. Era como si la vida se fuera desilachando lentamente en su interior, junto con mis esperanzas, tejidas tiempo atrás. Y yo esperaba, y el agonizaba. Mirada tras mirada, mi corazón se partía un pedacito más. No había esperanza, se estaba marchitando.
Dos meses. Una eternidad. Dos meses de conversaciones sin respuesta, de canciones cantadas al vacío, de preguntas sin contestación. Pero estaba, y me miraba, y era él. Y cada vez que lo veía, veía su interior. Su corazoncito latente, y sus ojos desorbitados. Su color anarajanjado, su inexistente nariz. Lo echo de menos. Te echo de menos, Tess.
Esta semana ha sido dura. Tras batallar con grandes rebeliones internas, mi corazón a recuperado su actividad habitual y mi mente ha logrado serenarse. Tras la descarga de libertad del miércoles (por-cierto-ataque-de-locura-no-permitido), me limito a sonreir al mirarme en el espejo, no sin cierto orgullo, mi pequeño piercing, prueba de la llama rebelde de mi ser y del carácter imprevisible de mi persona. La revolución interna triunfó. Viva la revolución.

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