Gente
Calles inundadas de juventud, locuras y alegría. Sábado noche ya. Miradas que vienen y van, miradas que vagan buscando belleza, una sonrisa o un algo que arrebate el aliento. Sonrisas, muchas. Conversaciones banales sobre el tiempo, sobre la bebida, sobre el local. La música ensordece mis oidos, la llama de la sensación de grandeza calienta mi alma. Y te busco.
Camino por callejuelas abarrotadas, un mar humano que viene y va. Y te busco, pero no estás. Nadie se ha dado cuenta aún, de que en el centro de la multitud, alguien no para de girar, queriendo parar el tiempo, quizás; queriendo ver a alguien, quizás.Y de repente, como un faro en la más oscura de las noches, te veo. Y me ves, y caminas hacia mí, con ese andar tan despreocupado, esa sonrisa tan rebelde, ese aire que avanza con parsimonia junto a ti. Me saludas, me miras. Y yo ya no necesito más. Solo quiero que el tiempo pare y que su pesada locomotora no avance más. Pero, de nuevo, como un desafortunado telegrama cuyo mensaje no puedes adivinar, no te das cuenta de que mis mejillas ya no tienen su color habitual, te das la vuelta, y te vas.
Y me quedo en medio, girando aún, ahogándome en mis lágrimas, en una mar de gente donde no estás tú.

