¿Ahora?
Silencio. Pero no un silencio incómodo, sino uno cercano, acogedor, familiar. Un silencio mutuamente respetado, un silencio cuya red únicamente se puede hilar entre personas que no necesitan de palabras para hablar. Carretera, velocidad y pensamientos. Mezcla perfecta de adrenalina.
Miradas distantes, nostálgicas. Miradas risueñas, somnolientas, ávidas. Y pensamientos, amontonados en el baúl de los recuerdos bajo una fina, finísima, capa de polvo. Tantas veces ha sido abierto...
-Recuerdo que yo a tu edad me comía el mundo- dice sonriente mi padre, al volante. Una sonrisa cargada de melancolía, de aventuras, de risas en el parque bajo el abrazo amigo, de noches en vela aguardando el último baile con ella, de diarios repletos, malgastados acaso con sueños, ilumina su ya pulido rostro. El río de la vida es poco piadoso. Todo queda dicho.
-Y, ¿ahora qué?- le pregunto yo. Ingenua ingenuidad.
-¿Ahora?- suspira- Ahora, el mundo es el que me come a mí.

