R. Spektor

(I loved you first, I loved you first)
Martes 11 de Octubre de 2011

(I loved you first, I loved you first)
Jueves 6 de Octubre de 2011
El hecho de escribir siempre me ha producido una tremenda paz y una indescriptible furia (lucha titánica entre razón e imaginación). Es como dar rienda suelta a tu imaginación, permitir que las palabras fluyan: desde tu cerebro, naden por tus venas, surquen tu propia sangre y se fundan con el papel. Como un pianista que toca con pasión una pieza, dejo mis manos relajadas, y toco. Y toco. Y llega un momento en el que no soy capaz de distinguir la realidad de la imaginación. Y cierro los ojos, perdiéndome en ese mundo que yo misma creo para mi ser, para escapar de esta angosta, aprisionante, apática vida.
Fluyo, y fluyo, y fluyo. Las palabras me conducen a tierras inhóspitas, a mares embravecidos, a ciudades perdidas y bosques encantados. Y fluyo, y fluyo. Escapo; huyo. Huyo, porque no me queda otra. Porque me niego a aceptar una vida llena de hastío, rutina, repetición; porque no. Escribo con los ojos cerrados, más en el otro mundo que en este y sumida en ese dulce sueño, fluyo. A medida que la fuerza de las notas cobra vigorosidad, fuerza, la narración se rebela, enloquece y me pierdo. Estoy perdida en un mar de tinta y palabras, notas y pianistas, pasión y hastío. Estoy perdida.
Miércoles 12 de Enero de 2011
Cuando el violinista sube al escenario, y el público se queda mudo...; cuando sólo se escucha la entrecortada respiración del público, y los latidos, unos nerviosos, otros esperanzados, de los corazones más dorados...; cuando el instrumento se posa con delicadeza sobre el hombro del músico y vuelve a la vida, creando ligeras gotas de perfume musical, vivo y agudo... Cierra los ojos y escucha. Y déjate arrastrar a su mundo. Y envuélvete con su elegancia y romanticismo, con sus pequeñas dosis de alegría y melancolía. Y escucha, escucha... Escucha y siente.